lunes, 21 de septiembre de 2015

Boletín 1180 : Carta de Clara Petrakos ante el desmantelamiento del BNGD

Asociación Ex Detenidos Desaparecidos
31 años de lucha - 1984 - 2015 

Reproducimos una carta de Clara Petrakos, hija de Constantino Petrtakos y María Eloisa Castellini, ambos desaparecidos durante la última dictadura militar y que busca a su hermana Victoria, nacida en cautiverio. 
    
Había una vez un banco…
Hubo un tiempo, en que unas abuelas maravillosas, a fuerza de amor, valor y desesperación lograron el desarrollo de una herramienta novedosa para identificar a sus nietitos robados: el BNDG (Banco Nacional de Datos Genéticos).
Eran tiempos de solidaridad y no hubo dudas en que el BNDG que nació en un hospital público, formado por profesionales con vocación de servicio estuviera disponible para todo aquel que lo necesitara.
Con el correr de los años, el Banco devolvió muchas identidades, algunas son conocidas y llevan un número, otras no. Algunas tienen que ver con personas desaparecidas en la última dictadura y otras no. Todas son igual de importantes, para la persona, para su familia y para la sociedad.
Este Banco que fue pionero en el mundo, que fue creciendo y mejorando y que cumple con excelencia sus objetivos vio con asombro y dolor como en el 2009 bajo el pretexto de jerarquizarlo, se votó una ley que lo mutiló y que cercenó el derecho a acceder a él de miles de personas.
Muchos, entre ellos personal del BNDG, quisieron alertar sobre este hecho y entonces empezó una batalla silenciosa de ninguneo y desprecio contra aquellos que hace muchísimos años ponen día a día mucho más que su conocimiento al servicio de la identidad, una campaña de desinformación acerca de la verdadera labor que allí se lleva a cabo, acerca de las dificultades reales que tienen que sortear para desempeñar sus tareas y de las verdaderas motivaciones de la nueva ley.
Se silencia, por ejemplo, las numerosas veces que no pudieron avanzar con las pericias por falta de suministros, en cambio se miente al decir que unas pericias demoran otras.
Se silencia que nunca hubo partidas para las capacitaciones sumamente necesarias en una especialidad que avanza día a día y que en los casos que pudieron hacerse fue con los esfuerzos personales de los técnicos. Sin embargo hubo partidas para capacitar personas ajenas al BNDG, hubo partidas para costear viajes al extranjero de conocidos directores de laboratorios privados que fueron a hablar en nombre del Banco sin haber pertenecido jamás al mismo.
En el 2009 empezó a crecer una sombra sobre el BNDG: ya no más un banco para la identidad, el banco “jerarquizado” priorizará las investigaciones y la divulgación: contar lo que alguna vez fue en vez de seguir siéndolo.
El nuevo banco estará dirigido por una persona que siempre ha ganado dinero con los conflictos de filiación, una persona que en su entrevista pública para el cargo dijo que “la función técnica del banco la cumple cualquiera”, una persona carente de ética y que acumula causas penales de diversas índoles.
El nuevo espacio físico dónde quiere “trasladarse” al banco tiene muchísimas falencias por haber sido pensado para otro fin.
En este punto alguno se preguntará ¿Qué dicen las abuelas que ayudaron a crear al BNDG de todo esto?
La triste respuesta es que algunas de estas abuelas ya no están, otras como Mirta y Chicha miran con espanto y dolor como la última esperanza de conocer a sus nietos robados está a punto de desvanecerse con la “transformación” del BNDG.
Y otras, que ya han encontrado a sus nietos o que creen ciegamente en las mentiras oficiales apoyan incondicionalmente la destrucción de lo que alguna vez ayudaron a construir.

Clara Petrakos

domingo, 13 de septiembre de 2015

Boletín AEDD nro 1178: Julio López : 9 años de impunidad y encubrimiento


Boletín AEDD nro 1177: EL FUTURO DEL POZO DE BANFIELD: ENTRE LA DISPUTA OFICIAL Y DESGÜACE JUDICIAL

Asociación de Ex-Detenidos Desaparecidos
Buenos Aires, Argentina

Desde el espacio Justicia Ya La Plata vemos con preocupación la situación del predio del ex Centro Clandestino de Detención "Pozo de Banfield", ubicado en las calles Vernet y Siciliano del partido de Lomas de Zamora. A su vez rechazamos la pretensión de la justicia Federal de elevar incompleta y fragmentada la causa por los crímenes allí cometidos en la dictadura.

En principio hacemos un llamado de atención frente a una serie de actividades y anuncios oficiales respecto a la inminente utilización del lugar como un “Espacio de Memoria”. Hace poco nos anoticiamos, a través de una cadena de mails que difunde sus actividades, que la Comisión Provincial por la Memoria anunció la “inauguración de la Muestra itinerante del MAM 'Jóvenes en escena' en Lomas de Zamora”. Resulta que los lugares de la muestra serían el “Centro Cultural Fiorito y en el ex Pozo de Banfield”.

Atentos a que en varias oportunidades tuvimos que movilizarnos para reclamar la preservación del ex predio del Pozo, Justicia Ya se dirigió al juzgado N°3, a cargo del Dr. Ernesto Kreplak, que instruye la causa por los crímenes de ese CCD, uno los 29 que integraron el denominado Circuito Camps, para pedir detalles de lo que se estaría haciendo en el predio. Allí fuimos recibidos por un asesor del secretario del juzgado, a quien se le solicitó ver la autorización que se le había dado a la CPM para hacer la muestra. Como el asesor no parecía tener idea de lo que se le estaba planteando se le pidió que revise los últimos cuerpos de la causa buscando el pedido de autorización de la CPM o de la Secretaría de DDHH de la Provincia. Cuando quedó claro que no había nada, se pidió hablar con el Secretario del juez, quien habilitó una reunión con el mismísimo Dr. Kreplak. Sin poder argumentar nada a favor del hecho concreto de enterarse del tema por el reclamo de Justicia Ya, el Dr. K realizó el insólito planteo de “¿Qué quieren que hagamos?”. Se le contestó que si él tenía claro que una muestra implica entre otras cosas el ingreso de un número indeterminado de personas sin supervisión, en un predio del cual él es responsable, que es prueba en una causa a su cargo y que tiene medidas de preservación y de no innovar vigentes, es él quien tiene que saber qué hacer. Ya un poco más encaminado, el Dr. K dijo, que si presentábamos un escrito acompañando la copia del mensaje que anunciaba la muestra, él podía darse por enterado y pedir explicaciones a la CPM.

Este incidente, lejos de ser un paso de comedia clásica, es una realidad del real interés que demuestra la justicia federal por su responsabilidad sobre los lugares que el Estado utilizó hace 40 años para desplegar el Genocidio.

Pero los hechos se hicieron más complejos al enterarnos desde la prensa de la Secretaría de DDHH de Nación que se “firmará un convenio para abrir el Espacio para la Memoria en el ex 'Pozo de Banfield'”. Al parecer, el secretario Martín Fresneda, y su par provincial, Guido Carlotto, junto al intendente de Lomas, el fusible k Martín Insaurralde, firmarán el convenio el 10 de septiembre en el predio mismo junto a representantes de organismos de derechos humanos cooptados y agrupaciones políticas y sociales del kirchnerismo.
Hace 10 años desde Justicia Ya denunciábamos la pretensión de municipio de Lomas de Zamora de avanzar sobre el predio. Dijimos que había una disputa abierta sobre el lugar pese a que nuestra querella ha presentado hace años un recurso de no innovar sobre el predio, para evitar la posible destrucción de pruebas ante el estado de total abandono y deterioro de las instalaciones al momento del trasladado de las últimas dependencias policiales que funcionaron en el lugar. En aquel momento el sótano del edificio, del que ni la CONADEP ni la justicia habían realizado nunca una inspección ocular, se encontraba completamente inundado.

En junio de 2006, el juez Arnaldo Corazza contestó a nuestro pedido y ordenó “la realización de las operaciones técnicas y científicas convenientes a los fines de desagotar el subsuelo” y dictó “medida de NO INNOVAR respecto del inmueble”.
A nuestro entender, la medida de no innovar continúa vigente, porque continúa en curso la investigación sobre los crímenes aún impunes cometidos en ese lugar, y en todo caso nunca fuimos informados como querellantes de ninguna habilitación judicial para el uso del predio.
Sin embargo la política oficial siguió su curso: en abril de 2014 el Concejo Deliberante de Lomas giró una nota al Juez Manuel Blanco, pidiendo que determine qué áreas podían hacerse museo, y el intendente Santiago Carasatorre se auto-arrogó la autorización judicial para avanzar sobre el predio.

La disputa oficial por quedarse con el edificio no es nueva: en 2006 el gobernador Solá entregó por decreto el inmueble a su secretario de DD.HH. Edgardo Binstock, pese al sostenido reclamo de los vecinos organizados en la Multisectorial “Chau Pozo” para gestionar la preservación del lugar de manera independiente y colectiva. Cuatro años más tarde, el gobernador Scioli hizo su propia jugada declarando al lugar como “Centro para la Memoria, la Verdad y la Justicia”, y a través de su secretaria Derotier de Cobacho, inauguró una señalización con cartelería anaranjada y pilotes de cemento emplazados en el frente del edificio.

Lo cierto es que ninguno de los sectores kirchneristas que se disputan el predio realizaron aportes sustanciales para el avance de la causa N° 26 por lo crímenes en el Pozo de Banfield. Ese expediente tuvo un tortuoso derrotero. El primer tramo fue elevado a juicio oral en abril de 2012, con una pobre instrucción en la que Corazza sólo imputó a 7 represores por 134 casos. Mientras la causa se elevó a juicio estaba prófugo uno de los jefes del Pozo, el comisario Miguel Wolk, que aprovechó el beneficio de la domiciliaria para coordinar la fuga con su hija, también policía.

En un segundo tramo (N°263) el juez procesó a 15 represores más, pero les otorgó automáticamente la prisión domiciliaria. Jubilado Corazza en 2013, y subrogado por Blanco, el segundo tramo de la causa es el que pretende elevar a juicio el actual juez de la causa, Dr. Kreplak, con un total de 21 represores por 253 casos.

En estos días nuestra querella está contestando en rechazo a la pretensión de elevar la causa a juicio, porque entendemos que las investigaciones penales y los juicios a los genocidas deben ser efectuados en un marco conjunto, para evitar diluir el plan represivo y la cadena de responsabilidades en la incoherencia de innumerables causas seguidas como hechos independientes y sólo por unos pocos casos en cada oportunidad. En este caso, se han omitido imputaciones graves, como hacer pasar la sustracción de menores por privación de la libertad, no imputar los homicidios de compañeros cuyos restos han sido identificados hace 25 años. De hecho, de los al menos 15 asesinatos constatados en autos (12 víctimas cuyos restos fueron identificados por el EAAF) sólo un puñado de imputados fue procesado por el homicidio de sólo 3 víctimas.

Volvemos a afirmar que el desmembramiento de los procesos que deben ser investigados en conjunto abre la posibilidad de sentencias disímiles con distintos criterios en cuanto a autoría, participación, monto de la pena y efectividad de la condena, en causas con idénticos hechos, imputados, y víctimas. Y que esta forma de llevar adelante las causas es la que produce no solo retardo sino negación de justicia.

Ante esta nueva afrenta de un Estado más preocupado por gestionar inmuebles que por hacer avanzar la justicia en estos hechos, reafirmamos que el edificio completo del ex CCD Pozo de Banfield sigue siendo una prueba fundamental para determinar la verdad de lo allí ocurrido en dictadura, y que es obligación indelegable del Estado la preservación del predio hasta que la justicia concluya su trabajo.

La política de apropiación y banalización que el Estado Nacional y Provincial vienen realizando sobre los Sitios de Memoria, cuyos puntos cúlmines son el circo interactivo montado en la Escuela de Mecánica de la Armada o el desplome de parte del tinglado de “El Olimpo”, apunta ahora hacia el Pozo de Banfield. Por la memoria de lucha de las compañeras Adriana Calvo, Virginia Ogando, y de los 30.000 compañeros detenidos desaparecidos, exigimos la preservación de la totalidad del predio del Pozo de Banfield hasta que se hayan concluido las investigaciones judiciales sobre ese lugar de exterminio.

JUSTICIA YA LA PLATA
SEPTIEMBRE 2015

jueves, 3 de septiembre de 2015

Boletin AEDD - nro. 1176 : Gacetilla Juicios Fuerza de Tareas 5 [24-08-15 | 26-08-15]

Tania Nuez, trabajadora de Astillero Río Santiago e intregrante de HIJOS La Plata,
Asociación de Ex-Detenidos Desaparecidos
Buenos Aires, Argentina
 
Audiencia VI, lunes 24 de agosto de 2015

Durante la sexta audiencia, escuchamos dos testimonios por Ricardo Alberto Nuez, obrero de Astillero Río Santiago (ARS) y militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), hoy desaparecido; a Elsa Gómez, quien en la incansable búsqueda de Ricardo fue testigo del secuestro y traslado a Prefectura de J. C. Blasetti; luego a Tania Nuez, integrante de HIJOS La Plata, cuyo testimonio dio cuenta de lo que precedió al genocidio dirigido contra el pueblo y los trabajadores organizados y del carácter sistemático, coordinado, planificado entre el Estado, sus fuerzas represivas, la burocracia sindical, la colaboración civil y las empresas; escuchamos los testimonios de Beatriz Horrac, trabajadora de Propulsora Siderúrgica (Grupo Techint), quien reunió su fe y la militancia por los pobres y por ello fue secuestrada; de Julio Machado, obrero de ARS e integrante de la lista Celeste que padeció graves consecuencias económicas por su secuestro y fue torturado; de Elda Lois, testigo de la masacre del abogado Pampillo y su compañero; de Silvina Arias y Mariela Sanders, por sus padres respectivos, obreros ambos de ARS, secuestrados y asesinados.

La audiencia comenzó con el testimonio de Elsa Gómez, pareja de Ricardo Alberto Nuez. Elsa, luego de su secuestro, lo buscó incansablemente. Demandó por él en comisarías y recorrió las calles y los sitios donde podía extraer alguna pista. No lo encontró, pero sí fue testigo del secuestro de Juan Carlos Blasetti y de su traslado a Prefectura. También contó que el comisario de Ensenada, apellidado Paladino, vecino del barrio, liberó la zona para que chupen gente y colaboró con los secuestros.

Luego escuchamos a Tania Anahí Nuez, hija de Ricardo Alberto Nuez, por quién brindó su testimonio. Su padre era trabajador de Astillero Río Santiago (ARS) y militante del Ejército Revolucionario del Pueblo. Como tal fue secuestrado el 31 de julio de 1976 en su casa de Ensenada por las patotas de la Armada. Fueron 15 personas a buscarlo; sólo uno de ellos estaba encapuchado. Buscaban también al bebé, a Tania, quien estaba en casa de su tía. Tania contó que su madre revolvió comisarías buscándolo e interpuso habeas corpus.

Los archivos de DIPPBA registran que en el 73 se le hizo un allanamiento, pero no le encontraron nada. En la época previa a su secuestro había grandes conflictos laborales: reclamos laborales, paros, represiones. Además, los trabajadores estaban sometidos a la vigilancia y las fábricas intervenidas: la Policía bonaerense y un destacamento del Batallón de Infantería de Marina N.º 3 (BIM3) estaban en ARS. Ese año, junto a otros compañeros, estableció una seccional de la UOM en Río Negro, en donde fue delegado. Tania recordó, además, que en el 75 Enrique Carranza era jefe de Fragata y Juan Carlos Marín, hoy en funciones, integraba la comisión directiva de ATE Ensenada, la cual delató trabajadores. Durante esa época se había conformado una organización de base a la cual se oponía el burocratizado sindicato. Efectivamente, la lista Celeste, conformada por los trabajadores, fue desarmada y sus integrantes secuestrados y asesinados. Tania repasó las grandes movilizaciones de ese año y la histórica marcha desde Ensenada a La Plata, conocida como el “Ensenadazo”, que reunió a trabajadores municipales, docentes, no docentes, también de las empresas Swift, Propulsora Siderúrgica, Petroquímica Mosconi, Astillero Río Santiago; cerca de 10000 trabajadores, luego salvajemente reprimidos. En el 75 también sucedió el atentado a la fragata Santísima Trinidad. Tania recordó que en ARS, por cada tres trabajadores, había uno de la Marina. Nombró compañeros, trabajadores detenidos, desaparecidos, asesinados, como Méndez Paz; recordó a Matilde Itzigsohn, la única mujer desaparecida en ARS; se refirió también al secuestro y tortura de Nievas y de otros delegados a los que Juan Carlos Marín delató y acusó de montoneros en una comisaría de Ensenada. Señaló, además, la responsabilidad, hoy silenciada, de López Rega y la Triple A en los asesinatos que precedieron al golpe. También contó que en el año 76 asesinaron a un jefe de Seguridad de ARS, a lo cual respondieron con el secuestro de 6 trabajadores y el asesinato de 5 de ellos. El relato de Tania dio cuenta de la coordinación sistemática entre las fuerzas del Estado, las empresas, la burocracia sindical, que concluyó en el genocidio.

Finalizando su testimonio, Tania Nuez, luego de haber reconstruido la historia de su padre, que es la historia de lucha de miles de trabajadores desaparecidos, denunció que innumerables víctimas no sean consideradas hoy por la Justicia y que la irregular dilatación de los procesos judiciales hace que mueran impunes los genocidas y sin reparación las víctimas. Acusó el proceso de banalización de los centros clandestinos de detención (CCD) y al ex jefe del Ejército César Milani, quien no le ha rendido cuentas al pueblo por su probada colaboración con la dictadura. También se refirió a la desaparición de Jorge Julio López, a punto de que se cumplan 9 años del hecho. De Ricardo Alberto Nuez no se conoce su paso por ningún CCD y hoy continúa desaparecido. Por este crimen, y de forma parcial, está acusado en este juicio sólo el Comandante de la FT5, Juan Alberto Errecaborde, quien es imputado sólo por el secuestro de Ricardo. El resto de la cadena de mandos naval y de Prefectura están impunes por decisión de la Justicia.

La audiencia continuó con el testimonio de María Beatriz Horrac, detenida el 5 de abril del 76 en su lugar de trabajo. Era secretaria de Gerencia en la planta de Propulsora Siderúrgica (Grupo Techint). Personas vestidas de civil fueron a buscarla y revisaron su oficina. Un uniformado velaba en el pasillo. En esos días, la empresa estaba intervenida por los militares y las fuerzas de seguridad pedían documentos a los trabajadores. No le dieron ninguna explicación, pero la esposaron, la encapucharon y la subieron a un coche. Supone que estuvo en el BIM3. Reconoció la voz de María Adela Barraza, a quien conocía de la parroquia, donde servían a los pobres y hacían tareas sociales. Sufrió 3 simulacros de fusilamiento, tortura por submarino y otras agresiones. Contó que había también una chica embarazada. El 7 de abril la trasladaron a Olmos, junto a María Adela. Allí las manguerearon y las interrogaron. Los secuestradores le confesaron que hace tiempo vigilaban las actividades de la parroquia. Mientras tanto, sus padres la buscaban. Además interpusieron habeas corpus. Luego la trasladaron a Devoto. Contó que había trabajadores fabriles y delegados gremiales hacinados. Fue liberada en el 80. Siguieron vigilándola e incluso intentaron atropellarla. Comprobó que de la parroquia había 7 desaparecidos y ya no había actividades sociales. “La comunidad parroquial fue desaparecida”, dijo. Recordó los nombres, compañeras y compañeros; Susana Larrubia, secuestrada en el 76 y desaparecida, cuya hija nació en cautiverio; Eduardo Ricci, del grupo universitario, desaparecido; Héctor Federico Baccini, cura, desaparecido; Diego Arturo Salas, en el 76 también desaparecido; entre otros. De los que estaban del otro lado, nombró a Monseñor Plaza, figura clave en la coordinación del genocidio en la pcia. de Buenos Aires. Por otra parte, pese a que se sabía que había sido detenida, la empresa dejó de considerar sus aportes desde el momento de su detención.

María Beatriz finalizó su relato leyendo una carta de Susana Larrubia destinada a su padre y escrita en cautiverio. En esa carta, Susana repasa brevemente la histórica dependencia de nuestro pueblo y los históricos intereses extranjeros. Le cuenta que su fe cristiana es inseparable del servicio a los pobres. También relata la persecución que sufrió por ello. Conciente de que habría muertos, manifiesta su confianza en que “llegaremos, porque es lo mejor para el bien de todos”.

Escuchamos después el relato de Julio Alberto Machado, trabajador de ARS, secuestrado por la Marina el 25 de marzo del 76 en su casa. Estaba presente su familia. Lo encapucharon y lo subieron a un micro -que seguía levantando personas- hasta Prefectura. Allí le quitaron la capucha y lo obligaron a ponerse contra la pared con los brazos extendidos algunas horas. “La tortura empezó ahí”, señaló. Alguien le dijo a otro, ambos de Marina, “a este lo conocemos, labura con nosotros; y bueno; si cayó, cayó”. Con un compañero se preguntaban por qué estaban en ese lugar, “por defender a los obreros estamos”. Luego lo trasladaron en lancha a lo que supone era la Escuela Naval. Coincidiendo con muchos otros testimonios en este juicio, allí sufrió simulacros de fusilamiento y fue golpeado y hostigado. Lo interrogaron por trabajadores compañeros y por Córdoba, apodado “El Hermano” por profesar la fe cristiana evangélica. Contra Córdoba se encarnizaron. Era candidato, junto a él, por la lista Celeste. Estuvo ahí 2 o 3 días y lo trasladaron a la base de la Marina que estaba en ARS. Luego, hasta Unidad 9. Los represores se identificaban entre ellos como rojo 1, rojo 2, etc. Cuenta que vio, además, a los hermanos Aguirre, a Niselsky y a otros compañeros de ARS.

Respecto de las consecuencias de haber sido secuestrado, dijo que “fuimos maldecidos por lo que nos hicieron”. Además de que la empresa le impidió recuperar su trabajo, muchos compañeros tuvieron que trabajar de albañiles e incluso cartoneros. Reclamó por los actuales impedimentos a la jubilación. ARS no le reconoce ni a sus compañeros ni a él sus aportes. El despido y el secuestró implicó dejarlo fuera del circuito laboral y despojarlo del sustento vital. Dijo, por último, que “luchábamos porque fuera una empresa que manejaran sus trabajadores”.

Escuchamos después el testimonio de Elda Mabel Lois, testigo del asesinato de Pampillo y su compañero, quienes tenían su estudio jurídico en el mismo edificio en el que vivían ella y su marido. A la señora de Pampillo le habían dado un día para exiliarse del país con sus hijos. Los ascensores habían sido detenidos por orden de los que asesinarían a los muchachos. Gente vestida de civil, sin identificarse jamás, subió las escaleras, mientras afuera esperaban algunos vehículos. Se comentaba que Pampillo había interpuesto algunos habeas corpus. Escuchó los tiros. La sangre marcaba las escaleras desde el 4to piso, donde estaba el estudio, hasta los pisos inferiores. Y señaló que los tiros que destrozaron el estudio fueron disparados desde afuera hacia adentro. Desde adentro hacia afuera no hubo un solo disparo.

Luego escuchamos el relato de Silvina Natalia Arias, brindando su testimonio por su padre, quien trabajó en ARS desde el año 62 hasta marzo del 76; mes en el que fue despedido por razones de seguridad (al igual que tantos otros) poco antes de su secuestro, en junio. Durante ese tiempo sin trabajo estable hacía changas, arreglando heladeras junto a un amigo. Era integrante de la lista Celeste. Previo a su secuestro, en el 74, lo habían detenido por quemar una bandera yanqui, le hicieron una causa por antiimperialista.

Tenía un amigo, apodado “Turco”, al que una vez dijo: “Turquito, nos tenemos que ir porque están levantando compañeros”. En esa conversación mencionó a Peláez. Y ya habían asesinado a un compañero. Esa fue la última vez que el Turco vio al padre de Silvina. Lo secuestraron esa noche de junio del 76. También fueron secuestrados Arriola, Becker, Cardinale, Héctor García, Luciano Sanders. Los operativos se hicieron durante la madrugada. Sólo Becker sobrevivió: los otros 5 fueron asesinados.

Silvina contó que golpearon y rompieron la puerta a patadas. Todavía están las marcas. Comenzaron golpeando a su abuelo. Estaban listos para llevarlo cuando uno de ellos advierte que no era el que buscaban. Su padre estaba con su hermana en la habitación. Le dicen que se lo llevan. Cuando llega al living ve a los hombres armados, algunos encapuchados. Pide despedirse, no lo dejan, responden apuntando a la mamá y a la hermana. Lo subieron a un coche y vecinas vieron que lo golpearon y lo amenazaron: “Hijo de puta, la vas a pagar”.

Posteriormente, desde la comisaría 2nda, citaron a su familia. Tenían que reconocer el cuerpo. A sus familiares les dijeron que lo habían encontrado en el Camino Negro, Punta Lara. Estaba golpeado y quebrado en todas partes. Se supone que lo arrojaron desde un helicóptero. El velatorio se hizo en su casa. Pero amenazados: recibieron varias llamadas diciéndoles que los iban a matar.

Silvina además contó que al Turco le dijeron que debían irse porque había listas negras que el sindicato había entregado a la Marina. El Turco quiso ir al velorio, pero le dijeron que no se le ocurra, porque ya se habían llevado a uno del velorio. Y, finalmente, el Turco se pudo ir.

Becker, el sobreviviente, cuenta en su declaración que los llevaron en coches, los tiraron en la caja de una camioneta, los ataron de pies y manos, los llevaron luego a un sitio arbolado, donde se escuchaba el tren y el sonido de ametralladoras. Le dijeron que se salvaría porque debían matar a 5. Lo liberaron después. ¿Por qué 5? Becker dijo que los indagaron sobre el atentado a la fragata Santísima Trinidad. Y que tenía que ver con el famoso 5x1 de Perón. Sólo que al revés. Les dijeron que “por 1 de nosotros, morirán 5 de ustedes”. Había muerto el capitán Bigliardi.

Silvina denunció los despidos, sin indemnización, de los trabajadores de ARS; la imposibilidad de jubilarse de muchos compañeros que estuvieron secuestrados; las víctimas que han quedado fuera del juicio, como su padre, que no es caso. Por otra parte, reivindicó la figura de “Cachorro” Godoy, por haberle dado trabajo cuando intentó ingresar al ARS. Y recordó, además, que la lista Celeste registra la mayor cantidad de secuestrados.

Por último, escuchamos a Mariela Sanders, quien testimonió por su padre, Luciano Sanders, obrero de Astillero Río Santiago (ARS) y asesinado junto a 4 compañeros. Ingresó a la empresa en el año 54. Fue delegado y luego secretario de ATE. Pertenecía a la lista Azul y Blanca. Durante su tiempo de militancia, sufrió amenazas y persecuciones. En el 74 intentaron secuestrarlo, pero pudo escapar. Por las reiteradas amenazas, con su familia vivía en casa de otros familiares, obligados a esconderse. Luego del golpe habían ido a buscarlo a su casa. Ya no trabajaba en ARS, pues lo habían despedido. Trabajaba en una verdulería y seguía militando. El 24 de marzo se llevaron a varios compañeros, entre ellos Nievas. Intentando hacer algo por ellos, habla con Juan Horvat, secretario nacional de ATE, pero le dice que no puede ayudar a nadie.

En junio del 76 fueron a buscarlo. “Un estruendo de puertas, perros, personas”. A la madre de Mariela la pusieron contra la pared. A la habitación de Mariela entraron 4 personas encapuchadas. Uno de ellos le apuntaba la cabeza con una ametralladora. Tomaron a su padre -que pedía que le permitieran despedirse- y se lo llevaron. Nunca más volvió a verlo.

Denunciaron su secuestro en la Comisaría 1ra. Les dijeron que no se preocupe, que sería por un tiempo. Al otro día, su tía le informó que lo habían encontrado muerto, junto a otros, en el Camino Negro. “Vi fotos de los cuerpos, vendados, con sus brazos atados con alambre”. Alguien que pasaba por ese lugar vio que los arrojaron desde un helicóptero. Mariela cuenta que su papá no tenía un solo hueso sin quebrar. Tenía 12 balazos y había sido torturado.

Luego de cerca de dos meses de la muerte de su padre, la despertó el timbre de su casa durante la madrugada: alguien, agarrado de las rejas, gritaba que lo dejaran entrar porque estaban persiguiéndolo. “Mi mamá le dijo que se fuera. Ella decía que querían probar si dejábamos entrar a alguien, si protegíamos a alguien”. Recordó que durante dos años un auto vigiló la casa.

Por último, Mariela sostuvo que la institución a la que perteneció su padre, ATE, no es responsable de las decisiones de algunos, ya que una persona como “Cachorro” Godoy le dio trabajo.

Respecto del genocida Eduardo Fernando Guitián, el tribunal resolvió prorrogar la prisión preventiva desde el 14 de agosto y hasta finalizar el debate.

Audiencia VII, miércoles 26 de agosto de 2015


Durante la séptima audiencia, escuchamos los testimonios de Florencio Laurini, capataz de Astillero Río Santiago (ARS) secuestrado por los genocidas; de Marina Busetto, hija de Osvaldo Busetto, militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) hoy desaparecido; de Walter Docters, policía y militante del ERP que pretendió descubrir los centros clandestinos de detención (CCD), amigo de O. Busetto; de Pablo Díaz, quien compartió cautiverio con O. Busetto y debió curar sus heridas de bala; de Marina Blasetti, por su padre Juan Carlos Blasetti, obrero de ARS secuestrado en la zona donde también levantaron obreros de Propulsora Siderúrgica; de Norma Songini, quien buscando a su esposo secuestrado, Omar Padil, también fue secuestrada y torturada; de Elena Crespo, cuyos hermanos, Laura y Rodolfo, y su cuñado, Ricardo, fueron secuestrados y desaparecidos, ambos varones militantes del Partido Comunista Marxista-Leninista (PCM-L). Todos testimonios que dieron cuenta de los vastos recursos del Estado destinados a la ejecución del genocidio. Estuvieron ausentes los genocidas Antonio Vañek y Eduardo Antonio Meza.

El primer testimonio fue el de Florencio Laurini, quien era capataz en ARS. Estaba enfermo cuando lo despidieron. Para sustentar a su familia debió laburar de albañil. Una vecina le dijo que lo habían ido a buscar confundiéndose de casa. Entonces, Florencio hace la denuncia en una comisaría de Berisso. Un oficial lo envía al Batallón de Infantería de Marina N.º 3 (BIM3), diciéndole que eran ellos los que estaban levantando personas durante la noche. Le dijo también que se presentara porque sino lo matarían. Va al BIM3 un viernes y lo citan para el siguiente martes. Y el martes lo detienen. Horas después, lo trasladaron desde el BIM3 hacia el Hospital Naval.

Entre aberrantes insultos, le preguntaron dónde puso los “caños”. Les contestó que no era cañista, sin advertir que se referían a armas. Amenazaron con matarlo, lo ataron, lo encapucharon y lo cargaron en una camioneta. Simularon fusilarlo en un lugar donde escuchó sonidos de buques y de un tren. Lo interrogaron por personas que él no conocía y lo encerraron en un calabozo. Encapuchado, sin embargo, pudo entrever que se trataba de Prefectura. Lo interrogaron sobre Montoneros, pero no sabía nada. Le dieron información detallada de su familia y su trabajo, haciéndole saber cuan vigilado estaba. Trajeron a otra persona y tuvo que escuchar la tortura. Luego le dijeron que lo tiraron al agua. En ese calabozo pudo ver a uno de uniforme claro (Prefectura) y a otro de uniforme oscuro (Marina). Lo liberaron luego.

A los meses, lo llamaron de ARS. Pero matan al Capitán Bigliardi y lo despiden junto a muchos otros. Después de esto, mataron a 5 trabajadores y los tiraron en Punta Lara. Despedido, no lo empleaban en ninguna parte.

Laurini había reclamado, junto a compañeros, contra el bajo salario de los capataces. Contó que, habiéndose un organizado un paro, secuestraron a 5 trabajadores y le avisaron que los matarían si no se levantaba la medida. Finalmente, los liberaron.

Se refirió también a los asesinatos de García y Arias.

Finalmente, Laurini dijo que luego de su secuestro no pudo reconstruir su vida familiar ni laboral. Y que hace 10 años sufrió el suicidio de su esposa.

Luego escuchamos a Mariana Busetto, quién testimonió por su padre, Osvaldo Enrique Busetto, guerrillero con el grado de teniente en el ERP.

Contó que, en una cita con Calotti, Osvaldo se dio cuenta de que éste lo había delatado, pues estaba desaliñado y no tenía cordones. Cuando intentó escapar recibió disparos de metralleta en la pierna y en el abdomen. Lo tiraron al baúl de un Torino y se lo llevaron. Hoy continúa desaparecido.

Mariana contó que hasta el año 86 u 87 el silencio rodeaba el nombre de su padre, debido al estigma de ser hija de un desaparecido. Contactó a Walter Docters y a Pablo Díaz para saber sobre su historia, su militancia y su cautiverio. Conoció compañeros de padres desaparecidos en la formación de HIJOS.

Su testimonio dio cuenta del carácter genocida de la represión y del daño irreparable que el secuestro de su padre les causó a ella y a su familia.

Escuchamos después a Walter Roberto Docters, quien era policía y amigo de Osvaldo Busetto en la Inteligencia del ERP. Pretendían despegar a la policías de las Fuerzas Armadas, a las que estaba subordinada. Asimismo, averiguar dónde tenían y torturaban a los secuestrados y localizar los CCD.

Contó que a Osvaldo lo secuestraron en setiembre del 76. En el momento de la captura, lo habían herido, pero lo mantuvieron vivo para poder torturarlo. Walter estuvo con Osvaldo durante el traslado y su tortura. Se encontraron con otros policías del ERP, como el comisario de la Comisaría 1era de Avellaneda. Cuando llevaron a Osvaldo al Hospital Naval, luego de operarlo, lo torturaron. Literalmente, le sacaron el yeso a marillazos.

Estuvo con él en Arana y lo vio por última vez en Quilmes, donde compartieron el calabozo. Contó, además, que en estos calabozos metían a 5 secuestrados cuando el espacio estaba limitado a 1. En diciembre trasladaron a Walter a la Comisaría 3era de Lanús. Estuvo detenido toda la dictadura.

Enumeró las torturas que todos recibían: picana eléctrica, ahorcamiento, submarino seco y en agua. Especialmente cuando pertenecían a alguna fuerza de seguridad.

Ya en democracia, Mariana Busetto buscó a Walter.

Por último, dijo: “Hace 30 años que declaro. Y nos vamos poniendo viejos, los testigos, las familias. Los asesinos también. Y se van muriendo. Mantienen un pacto de silencio sobre dónde están los desaparecidos, cuando incluso los nazis declararon sus crímenes. Deseo que los nietos, de imputados y represores, que sí deciden luchar por una sociedad más justa, no se topen con asesinos como sus abuelos.”

El siguiente testimonio fue el de Pablo Alejandro Díaz, secuestrado en el 76. Estuvo en Arana y en el Pozo de Banfield. En el calabozo lo reconocieron compañeros de escuelas secundarias de La Plata. Se entera, además, que junto a él estaba Osvaldo Busetto.

El médico Jorge Bergés, en cierto momento, lo sacó del calabozo y lo encerró con Osvaldo, indicándole que, cerrada la puerta, se sacara la venda y lo atendiera con un balde y unos trapos. Osvaldo tenía 2 tiros en la pierna y 1 en el abdomen. En la pierna, además, tenía clavos; en el abdomen, infección y pus. Osvaldo le dijo, entonces, que no se preocupara y se presentó. Le contó a Pablo cómo había caído y dónde lo habían llevado. En el Hospital Naval lo habían operado médicos de la Armada. Y que ya se daba por muerto, porque ni siquiera lo habían encapuchado o vendado. También le dijo que a los más jóvenes los soltarían.

Pablo también fue testigo de los interrogatorios a Osvaldo. Notó que reconocían su rango y lo trataban como a un igual. Advertían a otros detenidos que no hablaran con él. No lo atendían, sólo lo interrogaban. Pablo es el que debía atenderlo, ayudarlo en las necesidades más básicas. Quien lo interrogaba era el “Coronel Vargas”, cuyo nombre real era Ricardo Campoamor.

En el cautiverio, Osvaldo les cantaba la “Zamba de mi esperanza” a los muchachos secuestrados. Insistía en que saldrían de allí porque eran pibes. Les habló también de su compañera Ángela López Martín, profesora del Nacional.

En cierto momento, puesto que Osvaldo se había descompuesto, el médico Bergés mandó trasladarlo al Hospital Naval.

Continuamos escuchando a María Lorena Blasetti, quien brindó su testimonio por su padre, Juan Carlos “Cacho” Blasetti, obrero de ARS y militante de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), secuestrado el 10 de setiembre del 76 por personas vestidas de civil y encapuchadas.

Una vecina, cuyo marido había sido secuestrado meses antes, le recomienda a la esposa de Cacho hacer la denuncia en la comisaría. Contó que hubo muchos operativos y secuestros en la zona. Entre las víctimas, trabajadores de Propulsora Siderúrgica y de Astillero Río Santiago.

María contó que, luego del secuestro de su papá, su mamá no conseguí trabajo. A ella le decía que su papá trabajaba haciendo barcos y que se había ido en uno. Su familia quedó destruida: una madre ausente y un hermano con problemas con las drogas, hoy preso.

Por otra parte, el hábeas corpus interpuesto por su madre nunca obtuvo respuesta.

María dijo también que “el sindicato nunca hizo nada para recuperar a los compañeros”.

Escuchamos después el testimonio de Norma Songini. Su esposo Omar Padil, obrero de Propulsora Siderúrgica, fue secuestrado junto al padrino de su hijo en diciembre del 76 -durante la madrugada- por personas vestidas de civil que declararon ser “de la Federal”. Ella fue secuestrada posteriormente.

El traslado, desde el lugar de su secuestro al lugar de cautiverio, duro menos de 40 minutos. La interrogaron y le dijeron que su esposo estaba en el lugar, pero aunque ella, encapuchada, escuchó la tortura, no logró identificarlo. Contó que todos los militares se hacían llamar “Carlitos”. Y que en el lugar de cautiverio solía escuchar el paso del tren.

También fue torturada y además fue víctima de abuso por parte de un guardia. Finalmente, la liberaron en la plaza San Martín de Ensenada.

El último testimonió fue el de Elena Crespo, cuyos hermanos, Laura y Rodolfo, y su cuñado, Ricardo Alfredo, fueron secuestrados. Laura estudiaba odontología, Rodolfo en el Liceo Naval, Ricardo también en el Liceo. Ricardo, apodado “Richard”, y Rodolfo, apodado “Popeye”, militaban en el Partico Comunista Marxista-Leninista (PCM-L).

Antes de que los desaparecieran, Laura y Ricardo estaban en Capital. Personas de civil fueron a preguntar por ellos a la casa de sus padres. Su madre, inocentemente, les dio una dirección aproximada.

Ya secuestrados, su padre habla con el Vicealmirante del Estado Mayor, quien le responde que no están registrados. Luego son desaparecidos en Capital por el 1° Cuerpo del Ejército. Su padre solicita , entonces, audiencia con Massera y se dirige a Capital. Massera no le da ninguna respuesta. Más tarde, lo increpa y lo amenaza, a lo cual Massera responde burlándose.

Se dirigió, entonces, al 1° Cuerpo de Palermo y habló con el Teniente Coronel Raúl Gatica, mano derecha de Suárez Mason. Éste le solicita precisión cuando Crespo pregunta por sus hijos, puesto que en el 2ndo operativo, dice, habían desaparecido a muchos. Finalmente, encontró las fichas y le dijo que estaban bien. Y que, además, en “El Banco” estaban asombrados por la belleza de Laura. La familia no imaginaba que El Banco era un centro clandestino de detención. Le dijo también que el importante, en realidad, era Ricardo, pero que Laura tenía información.

Luego desapareció Rodolfo. Su padre fue nuevamente a Gatica. Éste le dijo que estaba con vida y amenazó a Crespo para que no contara nada.

Rodolfo fue secuestrado por primera vez a fines del 76 en el BIM3. Luego se fue de La Plata. Fue secuestrado por segunda vez en febrero del 78. Su familia se enteró por Amnisty International que fue uno de los desaparecidos del BIM3. Laura y Ricardo estuvieron en el Club Atlético y en El Banco. Rodolfo estuvo en El Banco. Hoy se presume que fueron víctimas de los vuelos de la muerte.

Los testigos que darán testimonio el lunes 31 de agosto son Roberto Ángel Almada, Celeste Balbuena, Hugo Balbuena, Carlos Núñez y Ricardo José Reynoso.

Boletin AEDD - nro. 1175 : No a la reconciliación (Cdo, Madres de Plaza de Mayo-Linea Fundadora)

Asociación de Ex-Detenidos Desaparecidos
Buenos Aires, Argentina
31 años de lucha
   1984-2015    

La AEDD desde nuestra posición irreductible contra la reconciliación con los genocidas y sus cómplices, colabora en la difusión de la declaración de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, emitida el 28/08/2015

"Declaración de la Asociación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora: ¡NO A LA RECONCILIACIÓN! ¡NI OLVIDO NI PERDÓN! JUSTICIA CONSTITUCIONAL
Los años van pasando, pero los principios fundadores que nuestro movimiento ha mantenido durante la dictadura y la transición democrática –Justicia y Verdad a través de la Memoria- siguen vigentes.

Siguen también vigentes las palabras de Julio Cortázar en su discurso de apertura del Coloquio de Abogados de Paris realizado en enero de 1981 para tratar el crimen de lesa humanidad que es la desaparición forzada de personas:

(…) Y si toda muerte humana entraña una ausencia irrevocable, ¿qué decir de esta ausencia que se sigue dando como presencia abstracta, como la obstinada negación de la ausencia final? (…). Aquí, en esta sala donde ellos no están, donde se los evoca como una razón de trabajo, aquí hay que sentirlos presentes y próximos, sentados entre nosotros, mirándonos, hablándonos. El hecho mismo de que entre los participantes y el público haya tantos parientes y amigos de desaparecidos vuelve todavía más perceptible esa innumerable muchedumbre congregada en un silencioso testimonio, en una implacable acusación. Pero también están las voces vivas de los sobrevivientes y de los testigos (…).

(…) Hay que mantener en un obstinado presente, con toda su sangre y su ignominia, algo que ya se está queriendo hacer entrar en el cómodo país del olvido; hay que seguir considerando como vivos a los que acaso ya no lo están pero que tenemos la obligación de reclamar, uno por uno, hasta que la respuesta muestre finalmente la verdad que hoy se pretende escamotear. Por eso este coloquio y todo lo que podamos hacer en el plano nacional e internacional, tiene sentido que va mucho más allá de su finalidad inmediata; el ejemplo admirable de las Madres de Plaza de Mayo está ahí como algo que se llama dignidad, se llama libertad, y sobre todo se llama futuro.
Cortázar nos ve como signo de futuro. No lo defraudamos. Contra los irresponsables y vanos intentos de instalar una imposible reconciliación entre quienes sufrieron el terrorismo de Estado y quienes lo perpetraron, repetimos y lo seguiremos haciendo:

¡NO A LA RECONCILIACIÓN!
¡NI OLVIDO NI PERDÓN!
JUSTICIA CONSTITUCIONAL "