viernes, 3 de septiembre de 2010

Boletín de la AEDD nro 711

Asociación de ex Detenidos Desaparecidos
Buenos Aires, Argentina
 
 UN TESTIMONIO QUE DEJA VER OVARIOS…………
   
 En las audiencias del Juicio por Genocidio de la Unidad 9 que se está llevando a cabo en la ciudad de La Plata, a principios del mes de agosto, escuché el testimonio de Graciela Iturraspe, escucharla me emocionó, compartimos después con mis compañeras de UNION lo que nos disparó y esto me decidió escribir las reflexiones para poder transmitírselas a otrxs que no estuvieron presentes.
 A través de su relato Graciela nos visibilizó claramente las terribles secuelas física y emocionales que le dejó  a su grupo familiar, su terrible experiencia.
 Mostrando una arista que muchas veces queda invisibilizada, se trata de las particularidades de su condición de mujer de un detenido de la U9, con un pequeño hijo y un embarazo.
 El relato contenía ejemplos de la vida cotidiana, de esos tiempos, que marcaron cómo ésta mujer embarazada transcurrió un tiempo de cárcel con su pequeño hijo, las condiciones infrahumanas a las que fueron expuestos, las enfermedades de su hijito y la secuela permanente de sordera.
 El nacimiento de su hijita y el tiempo transcurrido para que sus abuelos pudieran llevarla a la U9 para que su padre la conozca, ya que Graciela tenía impedida la visita.
 A mayor tiempo de detención mayor dificultad de vinculación, y los niños no podían reconocer a su padre como sujeto recortado del contexto, “ todos eran papas” y entonces preguntaban “¿cuando salgan van a venir todos a casa?”
 Las preguntas y demandas a su mamá “ si vos escribieras más notas los papas saldrían antes”
 La angustia de los niños al ingresar al penal acompañados de sus abuelos “ llorando y enojada me decía que fuera yo”
 Terribles atrocidades como que sacarle el audífono al niño para ingresar a ver a su papá.
 La enorme complejidad de ésta madre para dar respuesta y contener a sus niños, en la situación de angustia y miedo en la que se encontraba, pero a la vez la invalorable valentía, en esos momentos, para mantener encuentros y contactos clandestinos con otrxs familiares de presos de la U9, fundamentalmente madres para intercambiar información y estrategias.
 Los sentimientos de culpa por no poder acompañar a su compañero y a sus hijos en esas visitas, mientras seguía criando y trabajando.
 La entereza de Graciela y su relato mostraron como la tortura psicológica fue sostenida en el tiempo, en el adentro y el afuera del penal, como plan sistemático de mantener la sensación de estar a merced de los torturadores, de que la vida seguía en juego y otros decidían hasta cuando y a su vez los intersticios que permitían la solidaridad, el acompañamiento como sostén de vida, entre los familiares y los compañerxs.
 Mujeres valientes, mujeres con ovarios, mujeres que están en cada grito Presente¡¡, mujeres que continúan luchando, mujeres que siguen y seguirán pidiendo justicia incansablemente, mujeres que marchan, mujeres compañeras, mujeres……………..
Me acuerdo de la hermosa frase de Luis Sepúlveda “Porque las mujeres de mi generación nos marcaron con el fuego indeleble de sus uñas la verdad universal de sus derechos“ 
Liliana Rodriguez -  Unión por los Derechos Humanos La Plata

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