miércoles, 1 de julio de 2009

Boletín Electrónico de noticias y actividades de la AEDD nro 554

A nuestros compañeros y amigos

informamos que hemos publicado el nro. 18 de nuestra revista TANTAS VOCES TANTAS VIDAS

Enviamos el índice y al pie del mismo reproducimos la editorial.

INDICE

Editorial

ESMA y memoria

En Tribunales

La Corte Suprema miente y amordaza a JUSTICIA YA!

Tantas Voces

Ricardo Luis Salinas

Tantas vidas

En Tucumán

Impunidad

Dos años y medio sin Jorge Julio López

La Asociación

Memoria de la lucha.

Situación procesal de los genocidas

A marzo de 2009

Tantas Búsquedas

Luciano Arruga

Roberto Coria y María Ester Donza

Fernando Avila

Memoria

Escuela de Represores: CCD Escuelita de Famaillá

Otros ámbitos

Salud intercultural, pueblos originarios

Internacional

Uruguay: anulaciòn de la ley internacional de caducidad

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Saludamos y agradecemos a todos

ASOCIACION DE EX DETENIDOS DESAPARECIDOS

Editorial

A los compañeros, la libertad!

A 33 años del golpe genocida, queremos destinar esta editorial al debate abierto sobre la memoria del genocidio ocurrido en nuestro país, y especialmente a su representación en los campos de concentración de la dictadura.

Entendemos que la memoria es un proceso social, y que la construcción de la memoria del genocidio cometido en nuestro país en las décadas del 70 y 80 ha tenido diferentes etapas, que se ha ido conformando a través de diferentes actores, que se ha transformado socialmente en los distintos períodos posteriores a la dictadura, y que los diversos discursos y representaciones alrededor de la misma han sido, y son, un espacio de disputa simbólica sobre la conciencia del pueblo argentino.

A partir de nuestra elaboración sobre esa etapa de nuestra historia, creemos y sostenemos que la práctica genocida que el estado argentino llevó adelante, se descargó sobre un sector importante y organizado de nuestro pueblo y que la reestructuració n social que llevó a cabo avasalló nuestros derechos entendidos en su más amplio sentido: en lo político, económico, cultural, educativo y social.

En ese sentido es que consideramos importante e imprescindible que las memorias del genocidio sean construidas por las diferentes voces que sufrieron ese genocidio: los ex detenidos-desaparecidos, los familiares, los organismos de derechos humanos, pero también los diferentes sectores de los que formábamos parte: las organizaciones partidarias, el movimiento obrero, el movimiento estudiantil, los espacios culturales y de organización popular.

Desde la salida de los sobrevivientes de los campos de concentración se comenzó a construir esa memoria, con sus testimonios, en Argentina y en el exterior, con el trabajo colectivo de los organismos y de muchísimos compañeros que fueron reconstruyendo la verdad de lo ocurrido “adentro”, en los centros del horror y el exterminio.

Para fines del año 1983, con el gobierno constitucional de Raúl Alfonsín, se comenzaba a gestar una versión “oficial”: la Teoría de los dos demonios, teoría que fue construida a través de los decretos N° 157 y 158 del Ejecutivo, del informe Nunca Más y en el Juicio a las Juntas. Siguieron a eso las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Y ya en el gobierno de Menem, los infames indultos a los genocidas. Todas esas, formas de construcción de una memoria oficial, una memoria sin justicia, una memoria con impunidad, legitimadas desde el Estado.

Las memorias que fuimos construyendo como pueblo, en permanente debate y conflicto con las versiones oficiales, fueron de una larga lucha y resistencia. Recuperar la identidad política de los compañeros detenidos/desaparec idos, defenestrar la teoría de los dos demonios, luchar por la nulidad de las leyes de impunidad, construir el repudio al golpe y sus consecuencias, organizar inmensas movilizaciones para los 24 de marzo, llevar adelante las investigaciones sobre los centros clandestinos de detención, investigar y difundir las experiencias de lo sucedido a todo nuestro pueblo antes, durante y después de la dictadura, exigir la reapertura de las causas contra los genocidas, lograr la reapertura de las causas y llevarlas adelante, lograr la primera condena a un genocida por genocidio, luchar por la Aparición con vida de Julio López, luchar contra la impunidad de ayer y de hoy…

Todo eso forma parte de la construcción de nuestra memoria colectiva, de la elaboración social que hemos ido haciendo.

En el año 2003, con la asunción del gobierno de Néstor Kirchner, se realizaron discursos y acciones simbólicas que “suponían” un cambio en la versión oficial legitimada sobre lo ocurrido. Pedir perdón en nombre del Estado, anular las leyes de impunidad, descolgar los cuadros de los genocidas, visitar y recorrer la ESMA con los sobrevivientes, y convertir ese campo de concentración en un Espacio para la Memoria

LA MEMORIA.

Aquí nos detenemos. Aquí reflexionamos. Aquí disputamos. Aquí no aceptamos la memoria oficial.

Allí, en ese sitio por el que pasaron más de 5000 compañeros que en su mayoría están desaparecidos, por los que el Estado no ha dado ninguna respuesta.

Allí, donde los genocidas torturaban, donde decidían sobre la vida y la muerte, sobre la desaparición y la aparición, donde secuestraban y apropiaban bebés.

Allí, en ese campo de deportes donde los genocidas quemaban los cuerpos de nuestros compañeros, donde hoy se siguen realizando actividades “recreativas”.

Allí,

¿dice hoy quienes fueron los 5000 compañeros que estuvieron secuestrados? ¿se sabe hoy quienes fueron los represores que actuaron? ¿se denuncia hoy el rol que llevó adelante la Armada como fuerza represiva y genocida?

No. Allí.

Allí funciona hoy un espacio loteado, fragmentado, de memoria. Cada edificio destinado a una nueva función, allí funcionan oficinas del gobierno, centros culturales, bares, observatorios internacionales, cursos, seminarios, archivos. Allí hay carnavales, hay recitales. Allí circulan empleados, visitantes, turistas, niños…

Igual que en la causa judicial, la fragmentación es una acción efectiva para diluir la dimensión de lo ocurrido. La ESMA fragmentada anula la posibilidad de pensar la práctica genocida de forma integral, diluye las responsabilidades, ignora el carácter masivo, planificado y organizado de la represión, y construye una memoria cuya descendencia nacerá truncada.

Queremos dejar en claro que la memoria popular y la memoria oficial no son lo mismo.

En estos espacios que fueron campos de concentración, la memoria popular y la memoria oficial están en lucha; y depende de ello la historia que se va a contar.

Nosotros queremos una memoria donde todas nuestras voces –las del pueblo argentino- se unan para contar quienes fueron nuestros compañeros y por qué los desaparecieron, para decir que querían un proyecto de país distinto a éste, que para intentarlo se organizaron y lucharon y que ese proyecto de país tenía un nombre: SOCIALISMO.

Pero también queremos que esa memoria relate explícitamente que para evitar que cambiáramos nuestro país, nos genocidaron como pueblo, y que los responsables de ese genocidio siguen impunes en su inmensa mayoría.

Porque esa memoria, nuestra memoria, es necesaria como herramienta para volver a construir ese sueño que portaban nuestros 30.000 desaparecidos.

Hoy, nuestros 5000 compañeros que desaparecieron en la ESMAla ESMA seguirá siendo la ESMA siguen ahí, escuchamos aún sus gritos… Para nosotros aún cuando hagamos la revolución, pero entonces, los habremos liberado.

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